Al interior de la plaza central, rodeada de cuatro bancas que forman un cuadrado perfecto, se instaló un pequeño octágono con la “V” que simboliza el nombre del proyecto: La Vigilia.
Hormigón, madera y piedra son los principales materiales utilizados en la bodega. De fondo, protagonista, el monograma del proyecto.
En abril de 2019, el arquitecto Charly González Olsina recibió el llamado de un número desconocido. Al otro lado de la línea, la empresaria bonaerense Florencia Sartirana en busca de proyectar su segunda vivienda en un viñedo del que era propietaria al interior de The Vines of Mendoza. Este último, un emprendimiento de 600 hectáreas situado en la ciudad de Tunuyán –a 83 kilómetros al sur de Mendoza– que no solo incorpora un resort cinco estrellas, sino que también cuenta con zonas destinadas a la compra de lotes con derecho a levantar bodegas y restoranes.
La historia sigue así: “Tras terminar su casa, Florencia nos llama, esta vez para dar vida a La Vigilia, en el mismo complejo turístico. Un plan que incluía una bodega para la elaboración de 130 mil litros de vino y un restorán para 40 o 50 personas”, comenta González Olsina, cofundador junto con Eduardo Vega del estudio de arquitectura y project management Integra.
En palabras del profesional, se trata de una “súper experiencia”, ya que además de estar en medio de los viñedos y frente a la cordillera, los turistas se conectan con lo sacro y lo profano: “Esta dualidad se ve representada por los placeres mundanos del restorán y sus vinos; y en una bodega que ha sido planteada como un verdadero templo en armonía con la naturaleza”.
El programa se articula a partir de una plaza que da la bienvenida a las dos construcciones pero que, al mismo tiempo, las divide para brindar a cada una el espacio que merece. La bodega, que se interpretó como un edificio industrial, está conformada por dos volúmenes, una cubierta y una galería cuyos muros de hormigón juegan con las luces y sombras del día. Ya en el subterráneo, pueden verse las distintas naves de tanques, algunos de ellos imitando la forma de un mate y otros aludiendo a las antiguas vasijas romanas. El restorán, en tanto, lo forman dos volúmenes que soportan el techo. Un espacio de menores dimensiones que destaca por la altura en la que se emplaza y por su inclinación que rompe con el eje arquitectónico. Desde el hall puede verse el salón, cuya principal atracción es un cubo vidriado donde se instaló la cava, y luego una amplia terraza que vigila atentamente el paisaje circundante. VD
ROPE es el restorán que cuenta con una galería donde abundan las vistas al paisaje.
El hall de acceso a ROPE cuenta con una iluminación muy tenue, invitando a un momento de descanso antes del almuerzo o la cena.
Al interior del restorán, un cubo vidriado se roba todas las miradas. Es la cava, que cuenta con todas las condiciones para la adecuada mantención de los vinos.
Los arquitectos apostaron por los colores tierra para la mayoría de los espacios de la bodega, en cuyo subterráneo pueden verse las distintas naves de tanques que albergan el vino.
Texto: Constanza Toledo Soto
Fotografías: Luis Abba, gentileza Integra